El Trabajador
Es tiempo que pensemos en esa
persona que es necesaria en toda ocasión, pues sin ella las cosas no andarían. Debemos
reconocer y fortalecer su labor, para que no pase a formar parte de las
especies en extinción. Me refiero al trabajador honesto.
Esa persona que cada día toma
la decisión de levantarse y dejar la comodidad del hogar y salir a cumplir con la
tarea encomendada, cualquiera sea la situación climática, social, económica, su
estado de ánimo o físico pero que sabe que tiene una responsabilidad y la
asume, aun a riesgo de su propia vida.
El trabajador es una persona
responsable que realiza sus tareas aun en condiciones desfavorables, aun cuando
su trabajo no tenga el reconocimiento necesario o la paga justa. Es la persona
cuyo pensamiento no es cuánto va a cobrar sino cuanto puede dar de sí mismo en
beneficio del otro. El trabajador cultiva permanentemente la solidaridad y su
generosidad le lleva a no pensar en sí mismo, sino en el prójimo.
Las Sagradas Escrituras dice: No
hay cosa mejor para el hombre o la mujer sino que coma y beba, y que su alma se
alegre en su trabajo. Porque también está la contracara del
trabajador, personas que con su actitud desanima y crea malestar entre sus
compañeros de tareas. El escritor sagrado nos advierte sobre ese tema para que
no nos tome por sorpresa y leemos esto.
Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus
caminos, y sé sabio. La cual sin tener jefe, ni oficial ni
señor, prepara en el verano su alimento, y recoge en la
cosecha su sustento. ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te
levantarás de tu sueño? Un poco de dormir, un poco de
dormitar, un poco de cruzar las manos para descansar, y vendrá
como vagabundo tu pobreza, y tu necesidad como un hombre armado.
Asimismo la sociedad debe tomar en cuenta lo que sucede
en medio nuestro y tener en cuenta lo que la Biblia dice: Porque incluso cuando
estábamos con ustedes, les ordenamos: El que no quiera trabajar, que tampoco
coma. Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que
andan de vagos, sin trabajar en nada, y que sólo se ocupan de lo que no les
importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el
Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida.
Ustedes, amigos, no se cansen de hacer el bien. Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría,
ciencia y gozo.
Por último el trabajador
honesto no es una persona de baja categoría o de segunda, sino que es
importante y necesario, por lo tanto hay que tratarlo con dignidad y respeto,
reconociendo que todo trabajador es digno de su salario. Pagando sus salarios
en tiempo y forma e incentivando con gratitud por la tarea que realiza,
reconociendo su idoneidad para cumplir con su responsabilidad. Pr. Sosa
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