El Aborto
Hay asesinos seriales
Es normal en
nuestra sociedad cuando surgen problemas económicos, quejarse y buscar un
culpable a quien ponerlo como responsable de la situación que se vive.
En el seno
familiar también cuando ocurre o surgen problemas relacionados con la
economía, muchas veces no es distinto
ese comportamiento de buscar quien tiene la culpa de esa situación, cuanto
cuesta hacerse cargo de determinada condición y reconocer que en definitiva
todos tenemos parte.
Especialmente
cuando hay problemas económicos y aparece un embarazo no buscado o programado.
¡Cuantas culpas se echan uno al otro en
la pareja!
Y en lugar de
dialogar, y buscar acomodarse a esa nueva realidad, se gritan, se insultan, y
agravan el problema en vez de traer solución.
Y lo primero
que aparece, en el pensamiento de uno de los dos, como una posible solución es,
abortar.
Sin detenerse
a pensar ¿Qué es realmente el aborto?
El aborto,
legal o clandestino, no es otra cosa que, el asesinato de inocentes, a los que
Dios da vida, y las personas insensibles, se encargan de matarlos sin piedad, antes
que vean la luz del día.
Y los asesinos
seriales no solamente son aquellos que andan suelto por las calles, y esperan a
sus víctimas en lugares solitarios, amparados por la oscuridad de la noche o la
soledad del día. También hay asesinos seriales, que esperan a sus víctimas en
la comodidad de un consultorio, amparados por algunos títulos colgados en la
pared, otros simplemente vestidos de blanco y en habitaciones en penumbras.
Estos con
paciencia esperan, sabiendo que, pronto llegaran mujeres insensibles, trayendo
en sus vientres, a inocentes criaturas para el sacrificio, ofrecido en bien de
una supuesta vida mejor para ellas.
A las mujeres
y varones en general quiero decirles que, si actúan como personas responsables,
en el momento de tener relaciones sexuales deben saber a lo que se exponen.
Si practican
el sexo libre, no solo puede aparecer un embarazo no deseado o buscado, sino
también contagios de enfermedades venéreas, incluyendo el VIH SIDA, que
destruyen a los que lo padecen, y a quienes contagian, por no ser responsables
a la hora de tener relaciones de pareja.
Pues se debe
recordar lo que dicen las Sagradas Escrituras con respecto a la vida humana en
el Salmo 139;
Dios mío, tú fuiste quien me
formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo.
Soy una creación maravillosa,
y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien
seguro!
Tú viste cuando mi cuerpo fue
cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo
día, cuando tú ya habías decidido cuánto tiempo viviría!
¡Lo habías anotado en tu
libro!
Esto nos debe
llevar a reflexionar, que no somos nosotros los hombres y mujeres que
producimos la vida, solamente mezclamos los ingredientes, en el momento del
acto sexual.
Luego es Dios,
quien da la vida, y comienza el proceso de formación de la criatura, en el
vientre materno.
¡Qué obra
maravillosa de creación! por lo tanto la mujer no es dueña del ser que se
desarrolla en su vientre.
Sino,
portadora de la nueva vida, que Dios quiere introducir en este mundo,
haciéndole partícipe al ser humano, de este maravilloso misterio de producir
vida.
Por eso es que
Dios, en su infinito amor y sabiduría, estableció el matrimonio, como el ámbito
adecuado para la reproducción humana, para un hombre y una mujer junto, es más
fácil poder hacerse cargo de la crianza, con toda su implicancia, que para un
hombre solo, o una mujer sola, realizar la misma tarea.
Eso nos hace
pensar, que no tenemos derecho de destruir arbitrariamente, eso que Dios está
formando, con un propósito noble de parte de Él.
A lo sumo, si
no lo quieren aceptar en la familia, por la razón que sea, recuerden, que hay
personas compasivas, que están dispuestas a recibirlos en su familia, como si
fueran propios.
Por supuesto,
si no se acepta, o no se cree que es Dios, el dador de la vida, quitamos todo
limite a nuestras acciones, o actitudes con respecto a la vida en general.
Ejemplo; no se
cuida la vida propia, se la destruye con conductas equivocadas, con vicios
perniciosos, con hábitos insanos, con alimentación inapropiada y costumbres que
dañan.
Si eso se hace
con la propia, ¿Qué no se haría con la vida ajena? En ese contexto no es
difícil realizar abortos, pues la sociedad se conduele y se lamenta cuando se
entera que se matan personas que son visibles, que tienen un nombre, a la que
se le ha visto o enterado de su existencia por algún medio.
Sin embargo no
pasa lo mismo cuando se enteran que una mujer se hizo un aborto, que mató el
fruto de su vientre, que se frustro una vida en formación.
A nadie le
interesa solidarizarse, con esa inocente persona en formación, que todavía no
está visible, no responde a un nombre y que muchos ni saben de su existencia,
pues está oculto al ojo humano, pero no al de Dios.
Al contrario
se solidarizan con aquella que produjo el hecho. ¡Algo no está bien! ¿Cuál es
la diferencia entre matar una persona fuera del vientre, y otra en el vientre?
La que se mata
fuera del vientre, se le dio la oportunidad de nacer, crecer, desarrollarse y
adquirir la capacidad de defenderse.
La que se mata
en el vientre no tuvo ni se le da, ninguna oportunidad de nada.
Queridos
amigos debemos replantearnos algunos pensamientos con respecto a este tema,
creo que es demasiado importante, como para no detenernos, a pensar por un
momento, y así tener la actitud correcta, y el pensamiento sabio, si es que
queremos un mundo diferente.
Comentarios
Publicar un comentario