Mundo en conflicto.
Vivimos en un mundo conflictivo, con ausencia de paz en la mayoría de las naciones, con guerras entre países, en conflictos internos, peleas y disputas territoriales.
¿Cuál es la razón? ¿Por qué se pelean? ¿Qué es lo que impide ponerse de acuerdo
y vivir en paz?
Esto no es el
propósito de Dios para la humanidad, entonces ¿Por qué ocurre? La respuesta es
sencilla pero muy profunda, es porque el ser humano se ha independizado de Dios
su Creador, pero quedó bajo el poder y dominio del maligno o sea el diablo.
Para entender
esto necesitamos retrotraernos al comienzo, cuando Dios crea la humanidad,
creando el primer hombre de la tierra y la primera mujer sacada del hombre y lo
nombró administrador de la creación, co-gobernante con Dios, donde Dios el
Creador sería en todo y sobre todos, reinando en toda la creación, incluyendo
la raza humana.
En esos términos avizoraba un futuro glorioso para la
humanidad, pues Dios el Creador le dio además de su imagen y semejanza, el
libre albedrío que le permitía tomar decisiones.
Recordemos que
Dios crea al hombre y lo pone en el huerto en Edén, para que lo cuidara y lo
labrara, dándole expresas directivas con respecto a su estadía en ese lugar. En
el mismo había variedad de árboles que Dios había hecho crecer, los cuales
servirían para la nutrición de la criatura, entre los cuales estaban el árbol
de la vida y el del conocimiento del bien y del mal, proveyendo lo necesario
para alimentar el cuerpo y el intelecto humano.
Pero
lamentablemente el hombre toma una mala decisión, pues comió del único árbol
que tenía prohibido hacerlo, el cual estaba reservado por Dios para un tiempo
posterior.
El árbol en cuestión, al comer, le abrió prematuramente el
conocimiento del bien y del mal, sin estar preparado para dicha experiencia, su
intelecto juvenil y emociones primarias aún no había crecido ni madurado.
Quemó
etapas, antes, necesitaba aprender cosas que le prepararía, para ese momento
especial en que Dios mismo le invitaría a probar esa fruta. Génesis 3
Por causa de
eso el hombre peca y es separado de Dios, esa acción provoca un cambio en su
vida, muere espiritualmente aunque continuó su vida física y queda bajo el
dominio o influencia del mal, el pecado entró al mundo y a través del pecado
entró la muerte.
La raza humana comienza a deteriorarse moralmente, pues quitó
de sí el único límite seguro que tenía, como es la comunión con Dios y el respeto obediente a su Palabra.
En ese estado, comienza a transitar solo, un camino desconocido para él, conociendo el bien y
el mal pero sin saber como manejar ese conocimiento.
En ese contexto la
desobediencia anidó en su corazón viviendo de espalda a Dios, enemistado con
El, obedeciendo sus propios impulsos y deseos carnales influenciados por el
enemigo de Dios y por ende de la humanidad.
Eso hizo que
la ambición desmedida comience a contaminar sus decisiones, el corazón del
hombre se inclina hacia el mal, enojo, enemistad, rencores, venganza y muerte
pasa a formar parte de su vivencia, con sentimientos e impulsos que aparecen y
no sabe cómo controlar eso.
Esto también afecta las relaciones nacionales e internacionales
y aparecen los grandes conflictos, luchas por independencia, por territorios,
por límites, por recursos naturales, en fin la lista sería muy larga pues
siempre se encuentra un motivo para comenzar una confrontación real o lo que se
ha llamado la guerra fría.
Luchas de poderes, de clases, en lo político y
religioso también se ve afectada las relaciones personales.
Todo esto
tiene solución, pero requiere de la voluntad humana de querer solucionar los
problemas personales y sociales.
Es sencillo pero no fácil debido a nuestra
naturaleza pecaminosa, pues implica negación de uno mismo, habilitar espacio de
diálogo para que juntos podamos encontrar la salida sin dañarnos unos a otros.
Necesitamos de un mediador justo alguien que pueda conducirnos a discutir con
respeto y humildad las cuestiones en las cuales nos cuesta ponernos de acuerdo.
Cuando
reconocemos esto, estamos preparados para invitar a Dios por medio de
Jesucristo que intervenga en nuestras vidas, El y solamente El puede ayudarnos,
ya que es el Único mediador para la humanidad, el cual nos ayuda a tener paz
con Dios, conmigo mismos y entre nosotros, pues eso es lo que la humanidad
necesita.
Volvernos a Dios del cual nos hemos alejado por nuestra rebeldía y
desobediencia, recuperar la paz interior que hemos perdido, aprovechando ese
gran Sumo sacerdote que Dios levantó a nuestro favor. Jesús,
el Hijo de Dios, es nuestro gran Sumo sacerdote que ha entrado en el cielo. Por
eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos. Pues nuestro Sumo sacerdote puede
compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las
mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó.
Acerquémonos, pues, con confianza al trono
de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su
bondad nos ayude en la hora de necesidad. Hebreos 4:16
¿Qué estamos
esperando para tomar esa decisión? Puesto que Dios ya nos ha hecho justos gracias a la fe,
tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Pues por Cristo hemos podido acercarnos a
Dios por medio de la fe, para gozar de su favor, y estamos firmes, y nos
gloriamos con la esperanza de tener parte en la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos
gloriamos de los sufrimientos; porque sabemos que el sufrimiento nos da firmeza
para soportar, y esta firmeza
nos permite salir aprobados, y el salir aprobados nos llena de esperanza.
Y esta esperanza no nos defrauda,
porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo
que nos ha dado. Romanos 5
¡Maravilloso Dios! ¡Cuánto amor hacia nosotros! Cristo nos dio libertad para que seamos
libres.
Por lo tanto, manténganse ustedes firmes en esa libertad y no se
sometan otra vez al yugo de la esclavitud del pecado que tanto daño nos hace.
Y
sin dudar que podemos vivir mejor libres de conflictos, libres de odios, libres
de enemistades, libres de rencores, libres para obedecer y amar al Dios y Padre
nuestro, viviendo esa vida plena y abundante que él nos ofrece en Cristo.
¡No hay ni uno solo que
sea justo!
No hay quien tenga entendimiento;
no hay quien busque a Dios.
Todos se han ido por mal camino;
todos por igual se han pervertido.
¡No hay quien haga lo bueno!
¡No hay ni siquiera uno!
Su garganta es un sepulcro abierto,
su lengua es mentirosa,
sus labios esconden veneno de víbora
y su boca está llena de maldición y amargura.
Sus pies corren ágiles a derramar sangre;
destrucción y miseria hay en sus caminos,
y no conocen el camino de la paz.
Jamás tienen presente que hay que temer a Dios.
No hay quien tenga entendimiento;
no hay quien busque a Dios.
Todos se han ido por mal camino;
todos por igual se han pervertido.
¡No hay quien haga lo bueno!
¡No hay ni siquiera uno!
Su garganta es un sepulcro abierto,
su lengua es mentirosa,
sus labios esconden veneno de víbora
y su boca está llena de maldición y amargura.
Sus pies corren ágiles a derramar sangre;
destrucción y miseria hay en sus caminos,
y no conocen el camino de la paz.
Jamás tienen presente que hay que temer a Dios.
Es por eso que
hay guerras y rumores de guerra, continuas provocaciones, acciones violentas,
actitud belicosa, insultos y soberbia que no permiten relacionarse
correctamente.
Ahí es donde se hace mas fuerte la necesidad de que Dios intervenga
en la vida del ser humano, pues él ya hizo todo lo que la raza humana necesita
para cambiar de actitud y estar bien.
Pero es decisión del hombre aceptar la
obra que Dios realizó a favor de la raza humana por medio del sacrificio de
Cristo en la Cruz
del Calvario.
Por lo tanto, el que está
unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron
en algo nuevo. Todo esto es la obra de Dios, quien por medio de Cristo nos
reconcilió consigo mismo y nos dio el encargo de anunciar la reconciliación.
Es decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo
al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres; y a nosotros nos
encargó que diéramos a conocer este mensaje. Así que somos embajadores de Cristo, lo cual es como si Dios mismo
les rogara a ustedes por medio de nosotros.
Así pues, en el nombre de Cristo
les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios. Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo
hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo.
Ahora bien, con todo este panorama vemos que la humanidad avanza
vertiginosamente hacia una condenación eterna, pues continúa revelándose contra
Dios, no aceptando la sabia Palabra de nuestro Hacedor que continuamente invita
que nos acerquemos a El.
Vengan a mí y pongan atención, escúchenme y vivirán.
Busquen al Señor mientras puedan
encontrarlo, llámenlo mientras está cerca.
Que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas;
vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios,
que es generoso para perdonar.
Esto nos
muestra que no hay excusas para no aceptar el plan de Dios para la vida de cada
persona, que le llevaría a un cambio radical en su diario andar, pues al
reconciliarse con Dios, armoniza su vida interior, su vida familiar y su vida
social. Como resultado de eso ya deja de ser parte de los conflictos de este
mundo para ser parte de los pacificadores de este mundo.

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